La Franja, la Ruta y la pandemia: el futuro incierto de China en América Latina y el Caribe

Franco Aguirre
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Actualmente es becario doctoral de CONICET y la UCC, donde trabaja como docente e investigador. Doctorando en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario.

La Iniciativa de la Franja y de la Ruta de la República Popular de China gana terreno en los países latinoamericanos y caribeños. La irrupción del coronavirus depara reveses y oportunidades importantes a la luz de sus objetivos en la región. ¿Cómo se adapta el país asiático a la nueva coyuntura? ¿Cuáles son los avances y retrocesos en esta estrategia significativa?

La IFR como estrategia de bandera

La llegada de Xi Jinping al poder supuso un cambio importante en la política exterior de la República Popular de China (RPC). En las últimas décadas, el “ascenso pacífico” del gigante asiático vino respaldado de un notable crecimiento económico que lo ponen, al día de hoy, en el centro de la escena (Zhang, 2015). A partir de 2012, despliega una proyección más asertiva en el plano internacional, coronada al año siguiente con el lanzamiento de un plan emblemático para afirmar su influencia en la arquitectura económica global. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) se erige como la estrategia más significativa de la gestión Xi, y se enmarca en el objetivo de alcanzar el “sueño chino” de prosperidad y modernización del país y de toda su población (Busilli, 2020).

La faceta más destacable para los países que integran la iniciativa es el financiamiento de proyectos de infraestructura. Para tal fin, China dispuso del Fondo de la Ruta de la Seda, el Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Infraestructura e Inversión. Asimismo, se estableció la colaboración con otras instituciones financieras internacionales, como el Banco Asiático de Desarrollo y el Grupo del Banco Mundial. Finalmente, no debe dejar de destacarse el apoyo financiero de entidades estatales chinas como el Export-Import Bank, el China Investment Corporation y el China Development Bank. De tal forma, la apuesta supone una oportunidad de gran envergadura y flexibilidad para el financiamiento de países que adolecen de infraestructura e inversiones en sectores productivos (Busilli, 2020, GREFI, 2019).

Fuente: www.cancilleria.gov.co
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La iniciativa se compone de corredores tanto terrestres como marítimos, cristalizados en el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y en la Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI respectivamente. Si bien la iniciativa contemplaba inicialmente a regiones de Asia Central, Occidental, Meridional, Sudoriental y Europa, la Ruta Marítima abre el juego a países y organizaciones de todo el globo, incluyendo América Latina y el Caribe (GREFI, 2019). Los compromisos para integrar la iniciativa se han caracterizado por ser bilaterales, amplios en cuanto a sus contenidos y flexibles en su instrumentación (Busilli, 2020). Ello no menoscaba cierta aproximación multilateral a la región, lo cual se manifiesta en la celebración del Foro China – CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y la adopción de un Plan de Cooperación (GREFI, 2019). El país asiático adapta su acercamiento a la región, dando cuenta de la versatilidad de su estrategia. La iniciativa ha englobado proyectos signados por las partes con anterioridad, y procura incorporar s acuerdos. Asimismo, pretende articularse con otras iniciativas regionales, como la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). Algunos de los proyectos propuestos son el Corredor Ferroviario Bioceánico Central, la Hidrovía Paraná-Paraguay y el Túnel de Agua Negra entre Argentina y Chile (GREFI, 2019).

China en América Latina y el Caribe: objetivos, oportunidades y desafíos

A través de inversiones, préstamos y asistencia, China consolida una presencia que viene intensificándose en las últimas décadas en el plano comercial. China se ha posicionado entre los principales socios comerciales de la región. La posterior expansión financiera -superando a instituciones tradicionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial (Myers, 2020)- responde a objetivos estratégicos, vinculados a la obtención de recursos naturales que garanticen el abastecimiento interno, así como acceso a un mercado considerable -600 millones de personas- para sus bienes industriales. Asimismo, China responde a la necesidad de internacionalizar su estrategia de desarrollo, promoviendo la salida de empresas nacionales para la adquisición de tecnología, ampliación de mercados y exportación de industrias estancadas que quedan relegadas frente a una restructuración productiva hacia sectores intensivos en tecnología (GREFI, 2019; Wise y Chonn Ching, 2017).

Fuente: www.elconfidencial.com/
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Sin embargo, los crecientes lazos con el gigante asiático suponen importantes desafíos para la región. La Iniciativa no deja de ser una proyección de poder global para China. Desde una perspectiva de la diplomacia económica, la acentuación de la dependencia económica en condiciones asimétricas pone a disposición del gigante asiático múltiples recursos de influencia con miras a alcanzar sus intereses estratégicos (Busilli, 2020). Este desafío adopta un especial cariz en el “patio trasero” de Estados Unidos, en tanto abre el juego a una competencia por su espacio de influencia contiguo. Si bien es objetable hablar de una disputa hegemónica, dadas las reticencias que ha tenido China en su aproximación y la aún predominante presencia de Estados Unidos en la región (Wise y Chonn Ching, 2017), la apatía norteamericana de los últimos años puede inclinar la balanza en su favor. A la luz de las metas de desarrollo de los países latinoamericanos, China se consolida como opción viable frente a alternativas tradicionales. El libro Blanco de 2016 y la política 1+3+6 son manifestaciones de un interés vigente en América Latina y el Caribe (GREFI, 2019). Un caso interesante es el de Colombia, un país históricamente alineado a Estados Unidos, que atestiguó en 2019 una ampliación sin precedentes de sus lazos con la RPC tras la visita oficial de Iván Duque y la suscripción a acuerdos en tecnología, infraestructura, política y cultura bajo el paraguas de la IFR (Mejia y Ragnet, 2020).

El impacto de la pandemia: ¿qué depara el futuro?

La crisis sanitaria global ocasionada por el coronavirus irrumpe en los albores de una nueva década, poniendo en jaque las expectativas chinas en este proceso. El impacto de las medidas adoptadas para contener la expansión del virus supone un cimbronazo para su estrategia de proyección internacional. Las perspectivas de crecimiento de China apenas alcanzan un 3% para este año (Goldman Sachs, 2020). Esto se suma a la ya tambaleante situación crediticia de varios países que contrajeron deuda china en el marco de la iniciativa y que se verán condicionados en materia de comercio, movilidad y capacidad productiva por la coyuntura sanitaria. La reputación del país asiático como acreedor internacional está en juego, mucho más considerando antecedentes recientes de intervenciones soberanas en recursos de Estados africanos acorralados por la deuda (The Economist, 2020; Xianbai Ji, 2020).

Fuente: www.lanacion.com.ar
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Estos retos exigen cierta cautela en su política internacional. Algunas de las obras  se han paralizado tras la emergencia sanitaria. Es el caso de Argentina que, si bien no  se ha incorporado formalmente a la IFR, ha sido uno de los principales receptores de inversión china hasta la actualidad (Liang, 2019). Ejemplo de ello es la postergación de los plazos de las represas Kirchner-Cepernic ante la pandemia (Salinas, 2020). Los limitantes en la capacidad acreedora de China en este contexto trae aparejada una reconsideración de las obras iniciadas para, posiblemente, enfocarse en regiones, países y proyectos más estratégicos y con mejores perspectivas financieras. Ya en 2019 se avistaba un retroceso de la llegada de capitales chinos en América Latina, pasando de más de 35 mil millones de dólares en 2010 a solo 1,1 mil millones de dólares. La situación política y económica que atraviesan algunos países de la región parece haber desalentado las inversiones. El caso de Venezuela es ejemplar, pero también el de Argentina y Ecuador, reticentes a seguir comprometiendo su creciente deuda externa (Myers, 2020; Xianbai Ji, 2020).

Pese a estos desafíos, los vaticinios no son mejores para los socios tradicionales de América Latina y el Caribe. Para el caso de Estados Unidos, se espera una caída de la producción del orden del 3,8%, mientras que para Europa la contracción alcanzaría un 9% (Goldman Sachs, 2020). Una rápida recuperación económica podría posicionar a China en un mejor lugar frente a sus competidores. Asimismo, el éxito de las políticas para contener la enfermedad parece rebatir la imagen negativa inicial del Partido con respecto al manejo de datos en torno al virus. Dado este escenario, y considerando la agravada situación macroeconómica de varios países del continente, son considerables las oportunidades que se abren para avanzar en la región (Carvalho, 2020).

China ha sabido acomodar su política a la nueva realidad de los países afectados. Por un lado, ha fomentado una cooperación activa en materia de salud, mediante la provisión de insumos y tecnología médica. Este activismo internacional, conocido como “diplomacia del barbijo”, supone un alivio para la compleja realidad de sus socios latinoamericanos a la luz de un enfriamiento de las inversiones. Tal política parece complementarse con una apuesta por la Health Road y la Digital Road en el marco de la IFR. Ello se explica a raíz de la creciente necesidad de los países afectados de acceder a herramientas digitales y de fortalecer sus mecanismos de prevención, contención y tratamiento de la enfermedad. La coyuntura le permite repensar su estrategia en base a la actual coyuntura y a las críticas en torno a los impactos económicos, políticos y sociales de la iniciativa, sirviendo al mismo tiempo al propósito de acelerar la recuperación económica. Una vez superada la pandemia, China retomará las obras de infraestructura a la luz de estas consideraciones (The Economist, 2020; Xianbai Ji, 2020).

Fuente: www.lanacion.com.ar
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Las consecuencias del coronavirus en la región y la retracción de instituciones tradicionales obligan a los países latinoamericanos a volcar sus expectativas de recuperación en China. Empero, el gobierno chino deberá afrontar la recuperación de su propia economía y sopesar los costos de invertir en Estados con economías endebles. Es probable que prime la prudencia a la hora de financiar proyectos de gran escala, en contraste con la política esbozada en la década pasada. China no dejará pasar la oportunidad de pisar más fuerte en la región, como lo demuestran las recientes inversiones en Colombia. Pero, como también lo manifiesta este caso, las razones detrás de este acercamiento estriban en torno a un ambiente económico y político favorable (Mejia y Ragnet, 2020). El dilema se presenta a la hora de estimar los costos y beneficios de este acercamiento. A pesar de la incertidumbre, las señales parecen indicar la vigencia de la estrategia china en un escenario post pandemia.

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Bibliografía

BUSILLI, V. (2020). Belt and Road Initiative (BRI): la iniciativa estratégica de Xi Jinping. Cuadernos de Política Exterior Argentina (Nueva Época), 131, junio, pp. 69-88.

CARVALHO, R. (2020). As US turns inward, coronavirus gives China ‘opportunity of the century’ in Latin America. South China Morning Post. 6 de junio.

GOLDMAN SACHS (2020). Roaring into recession. Top of Mind, N° 87, 24 de marzo. Disponible en:

GRUPO REGIONAL SOBRE FINANCIAMIENTO E INFRAESTRUCTURA (2019). El rol de América Latina y el Caribe en la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la estrategia política de China hacia la región. Ed: Derecho, Ambiente y Recursos Naturales. Lima.

LIANG, W. (2019). Pulling the Region into its Orbit? China’s Economic Statecraft in Latin America. Journal of Chinese Political Science, 24(3), 433-449. Disponible en: https://link.springer.com/article/10.1007/s11366-018-09603-w

MEJIA, L. y RAGNET, M. (2020). COVID-19 Is Not Hurting China’s Diplomacy in at Least One Region: South America. The Diplomat. 29 de mayo.

MYERS, M. (2020). China’s financial calculus in Latin America: Before and after COVID-19. Global Americans. 2 de abril.

SALINAS L. (2020). Inversiones pausadas: El coronavirus vuelve a retrasar la obra de las represas de Santa Cruz. Clarín. 4 de junio.

THE ECONOMIST (2020). The pandemic is hurting China’s Belt and Road Initiative. 4 de junio.

WISE, C. y CHONN CHING, V. (2017). Conceptualizing China–Latin America relations in the twenty-first century: the boom, the bust, and the aftermath. The Pacific Review.

XIANBAI JI (2020). Will COVID-19 Be a Blessing in Disguise for the Belt and Road? The Diplomat. 2 de mayo.

ZHANG J. (2015) China’s new foreign policy under Xi Jinping: towards ‘Peaceful Rise 2.0’?, Global Change, Peace & Security, 27:1, 5-19.[/fusion_text]

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