China-EEUU: América Latina como escenario de disputa

El liderazgo de EEUU a cargo de Biden plantea “liderar el hemisferio occidental”; sin embargo China podrá aprovechar las disputas internas del país del norte, y continuar con el avance de su liderazgo en distintos espacios geopolíticos de América Latina, para lo cual sus empresas en el mundo y en la región son un brazo fundamental para los objetivos del Gobierno de Xi Xinping de seguir profundizando su relación económica, política y cultural con América Latina.

 

A nadie escapa que América Latina será uno de los principales terrenos de la disputa comercial entre la República Popular China y los Estados Unidos. Si bien, el presidente estadounidense Joe Biden seguramente bajará el tono discursivo, el enfrentamiento comercial con China continuará e incluso es probable que con el correr de los meses hasta recrudecerá. Tras la pandemia del coronavirus y sus consecuencias económicas para la región y para el mundo, China se erige como un socio aún más importante para América Latina. Al mismo tiempo, el gigante asiático seguramente podrá aprovecharse de las disputas internas que seguirán sucediendo en los Estados Unidos. Aunque Biden haya asegurado que a su país le corresponde “liderar el hemisferio occidental” y que “ha vuelto” al mundo, primero deberá solucionar conflictos económicos, raciales, políticos y, sobre todo, resolver la grave situación sanitaria que atraviesa su país. Mientras tanto, China ya cuenta con un escenario estable, con la pandemia absolutamente controlada y siendo uno de los pocos países del globo que puede mostrar cifras de crecimiento en 2020.

En los últimos años, especialmente durante la década pasada, China ha comenzado a tener un importante rol en América Latina. Se ha convertido en el principal socio comercial de un gigante como Brasil. En octubre de 2018, estableció relaciones diplomáticas con Panamá, República Dominicana y El Salvador. Mientras que Taiwán todavía lo hace con otros países de la región, como Guatemala, Honduras, Belice y Nicaragua. Debido a su política de “una sola China”, las autoridades de Pekín exigen, para establecer relaciones diplomáticas con China, que la otra parte rompa primero, si los tiene, vínculos con Taiwán. Actualmente, en Sudamérica, China mantiene relaciones con todos los países de la región exceptuando Paraguay, que aún reconoce a Taiwán. En medio de la guerra comercial sostenida con los Estados Unidos, especialmente, durante la administración de Donald Trump, China se ha convertido en un gran defensor en los foros internacionales de los tratados de libre comercio y de la eliminación de trabas arancelarias. El rol que llevan adelante sus empresas en el mundo y en la región es extremadamente importante en esta cuestión.

Mucho se habla acerca de la política económica china respecto de América Latina y de su pugna con Estados Unidos para hacerse con el control de la región. No obstante, se analiza en mucha menor medida qué papel tienen en esto las empresas del gigante asiático que han desembarcado durante los últimos años en el continente. Si bien la inversión extranjera directa de Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo las más altas en la región, con el 25 por ciento y el 40 por ciento, respectivamente; la de China todavía se mantiene alrededor del siete por ciento. El crecimiento que esta ha experimentado desde 2008 ha sido vertiginoso. Aunque muchas empresas son estatales, la mayoría de ellas tienen distintos grados de independencia. Bajo la presidencia de Xi Xinping se han llevado adelante reformas al respecto. El Gobierno consiguió evitar aproximadamente 2140 millones de dólares en gastos estatales, transfiriéndolos a los privados. La mayoría de las exempresas del Estado son corporaciones o sociedades anónimas en la actualidad. Este sistema de reformas ha permitido que aproximadamente 60 firmas otrora estatales y más de 2500 subsidiarias hayan pasado a manos privadas.

Foto: Adrian Grycuk
Foto: Adrian Grycuk

Muchas de las compañías que existen en América Latina se dedican a la extracción de recursos naturales, en especial, minería y petróleo. Al mismo tiempo, otras como el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), son parte del sector bancario. En los últimos años, el rubro automotor ha crecido especialmente. Tan solo en Argentina hay más de una docena de sucursales de firmas automotrices chinas, entre ellas JAC, Baic, Foton, Geely, Lifan, Shineray, Great Wall, Haval, DFSK, Geely, JMC, DFM o Changan Auto Company. Si bien todas estas marcas juntas no alcanzan mucho más que el uno por ciento del mercado argentino local, esperan su consolidación y crecimiento en los próximos años. Changan es una de las quince automotrices más grandes del mundo y la mayor en China. Great Wall y Haval son parte de la corporación Great Wall Motors Company, la cual cuenta con más de 60 000 trabajadores y sucursales en más de 30 países. JMC y DFM se dedican a la construcción de camiones y SUV. La mayoría de las marcas chinas comercializan vehículos de nueva energía, extremadamente populares en el país.

Por lo que respecta al sector bancario y financiero, la mega-firma ICBC cuenta con gran participación en América Latina. La entidad bancaria tiene sucursales en México, Perú, Argentina y Brasil. Aunque es con México, con quien tiene mayor actividad. Solo en 2016, según datos oficiales chinos, el país latinoamericano exportó a los asiáticos bienes por una suma de 6713 millones de dólares, mientras que importó por un valor de 74 000 millones. A su vez, la inversión del ICBC acumulada en Brasil, según la Cepal, es superior a los 300 millones. Su sucursal en Perú ha asegurado un aumento de capital por 50 millones de dólares que se suma al ya existente. En Argentina, además de sus filiales en las ciudades de Córdoba y Buenos Aires, la entidad bancaria abrió en 2018 una sucursal inteligente o espacio digital full time, ubicado también en la capital, donde todos los trámites pueden hacerse sin la necesidad de personal.

Uno de los núcleos de la disputa entre China y EEUU respecto de América Latina es la batalla que se viene librando en Centroamérica y el Caribe. Aún quedan varios países en la región que reconocen a Taiwán: Honduras, Guatemala, Nicaragua, Haití, y los pequeños estados de Santa Lucía, Belice y San Cristóbal y Nieves. Sin embargo, teniendo en cuenta el nivel de inversión extranjera directa que los chinos son capaces de proporcionar, no habría que descartar que esta situación pueda llegar a cambiar en el medio plazo; convirtiéndose en un capítulo de la larga guerra comercial que el país asiático sostiene con Estados Unidos.

Foto: Isac Nóbrega/PR
Foto: Isac Nóbrega/PR

Aunque Jair Bolsonaro haya elegido a los asiáticos como uno de sus blancos preferidos para sus ataques durante la campaña presidencial, lo cierto es que China es hoy el socio comercial número uno de Brasil, mientras que Estados Unidos queda en segundo lugar. Sus empresas en el país suponen una actividad económica gigantesca e imposible de parar sin atenerse a consecuencias catastróficas. Lo mismo sucede en varios países de América Latina. Para Perú y Chile también representan el primer socio comercial. Para Argentina es el segundo, solo superado por Brasil. El papel que vienen desempeñando las empresas chinas va más allá de lo económico. Actualmente son un brazo fundamental para los objetivos del Gobierno de Xi Xinping de seguir profundizando su relación económica, política y cultural con América Latina.

No hay duda alguna de que, como hemos visto, el gigante milenario hace tiempo que viene desplegando una política de expansión económica hacía los países de América Latina y el Caribe. El año pasado, la inversión china directa en todo el continente fue superior a los 200 000 millones de dólares. En 2018, a su vez, el país registró un aumento de dos dígitos respecto de sus exportaciones e importaciones. Si bien el crecimiento no volvió a ser el mismo experimentado hasta 2014, las cifras siguen siendo superiores a la media mundial. El conflicto comercial entre China y los Estados Unidos sin dudas seguirá siendo una de las cuestiones centrales de la política internacional durante los años venideros. Los demócratas y su histórica política exterior tendiente a buscar el liderazgo global acrecentarán los enfrentamientos. Joe Biden no parece dispuesto a ceder América Latina a sus rivales e intentará retomar el rol mundial que piensa que Trump dejó vacante. Por lo pronto, si hay algo cierto es que la región seguirá siendo escenario de disputa.

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