El acercamiento económico entre China y Colombia: Procesos y Narrativas

Autores:

Clara Baumann
Doctoranda en Sociología (Universidad de Duisburg-Essen / International Max Planck Research School on the Social and Political Constitution of the Economy (IMPRS-SPCE)). En su tesis doctoral explora el impacto de las inversiones Sur-Sur en el desarrollo del país de destino, centrándose en la IED china en América Latina. Adicionalmente, se enfoca en la migración Sur-Sur, el racismo, y los regímenes de inclusión y exclusión en un mundo globalizado.

ABSTRACT:

A pesar de la entrada cada vez más exitosa de empresas multinacionales chinas (EMNs) a América Latina y el Caribe (ALC), las relaciones bilaterales sino-colombianas se habían estancado durante mucho tiempo y se han intensificado sólo recientemente: En este contexto, la selección de dos EMNs estatales chinas para realizar el proyecto de la primera línea del Metro de Bogotá en 2019 – uno de los mayores proyectos de infraestructura liderados por China en la región – marcó un importante punto de inflexión. ¿Qué ha provocado este giro estratégico entre ambos países? Este texto identifica tres acontecimientos claves en 2016 que han potenciado tres procesos distintos pero interrelacionados, basados en factores bilaterales y trilaterales entre Colombia, China, y Estados Unidos (EE. UU.).


Durante las últimas dos décadas, la República Popular China se ha convertido en el primer o segundo socio comercial para la mayoría de los países de América Latina y el Caribe (ALC). De este modo, las diferentes formas de inversión china – incluyendo la inversión extranjera directa (IED), los grandes proyectos de infraestructura, así como las empresas multinacionales (EMNs) estatales y privadas – ofrecen nuevas alternativas a las inversiones de los socios comerciales tradicionales como EE. UU. y Europa:

Desde el anuncio de su estrategia de “going out” en 1999, China no solo ha experimentado un crecimiento económico impresionante, sino que también ha invertido cada vez más capital en el extranjero. En este contexto, la iniciativa de la franja y la ruta seguramente representa el mayor proyecto para participar en la inversión extranjera: Conectando el sureste y el centro de Asia, el Oriente Medio y el este de África, los bancos chinos han financiado una multiplicidad de proyectos de infraestructura en todo el mundo. Aunque numerosos grandes países de ALC – incluso a México, Argentina, Brasil, Paraguay y Colombia, entre otros – aún no han firmado acuerdos para sumarse oficialmente a la iniciativa, resulta interesante que esta estrategia global encaje bien con la necesidad regional de promover la infraestructura. 

Estas dinámicas han ido acompañadas de una variedad de narrativas diplomáticas. En particular, China se dirige al llamado “Sur global” a través de narrativas de beneficios económicos mutuos, del “gana-gana”, y del “desarrollo pacífico”. Entre otros, tras haber aumentado sus inversiones (principalmente estatales) en ALC a lo largo de la última década, China se presenta con frecuencia como un prometedor socio económico y político, proporcionando una atractiva alternativa a las potencias económicas tradicionales y aspirando a una cooperación internacional pacífica (White Paper on LAC, 2008, 2016).

Sin embargo, no todos los países de América Latina reaccionaron con el mismo entusiasmo a estas dinámicas: Siendo uno de los socios comerciales más cercanos de EE. UU. en la región, especialmente Colombia se mostró durante mucho tiempo reticente a una mayor colaboración con China. A su vez, las tensiones políticas internas la hacían menos atractiva para las inversiones chinas que sus vecinos (Creutzfeldt, 2019). Solamente desde hace pocos años, ambas naciones aumentaron sus esfuerzos para mejorar su intercambio económico bilateral.

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Foto: Metro Línea 1 S.A.S. (https://www.metro1.com.co/alcance_del_proyecto.html) 

Estas dinámicas se hicieron cada vez más destacadas desde 2016 y alcanzaron su punto álgido en 2019, con el anuncio oficial de que dos EMNs estatales chinas construyeran el primer metro de Bogotá – representando uno de los mayores proyectos de infraestructura dirigidos por China en la región, con un presupuesto aproximado de más 4.700 millones de dólares estadounidenses (Castrillón, 2020; Sánchez, 2019a).

¿Por qué, y cómo, la participación china se ha convertido en una valiosa alternativa a los tradicionales socios comerciales para Colombia? Y: ¿Cuáles actores y narrativas formaron parte en ese proceso? 

PROCESOS DE ACERCAMIENTO

Tras el establecimiento de las relaciones diplomáticas oficiales en 1980, el intercambio bilateral sino-colombiano aumentó gradualmente. No obstante, a pesar de ser un socio comercial principalmente atractivo, China no consideró a Colombia como “material preferido para la IED […debido a sus] problemas endémicos de competitividad, desde impuestos onerosos hasta altos costes laborales e infraestructura deficiente” (Creutzfeldt 2019: 202). Adicionalmente, el inestable entorno político conformado por la guerra civil supuso un obstáculo significativo para los inversores chinos (Castrillón, 2020; Creutzfeldt, 2019). Finalmente, China expresó su fuerte resistencia a entrar en el país basándose en la diplomacia ideológica, afirmando repetidamente que no quería perturbar las relaciones políticas existentes con EE. UU. (Ellis, 2012).

Sin embargo, tres procesos clave han moldeado las relaciones sino-colombianas desde 2016, acompañados de narrativas diplomáticas y resultados económicos concretos. Estos incluyen los cambios políticos externos en Estados Unidos, los cambios internos en Colombia, y el creciente acercamiento entre China y ALC en general.

FACTORES EXTERNOS: DINÁMICAS MULTILATERALES Y LA RELACIÓN TRIANGULAR CON EE. UU.

El primer acontecimiento que determinó las futuras relaciones sino-colombianas en 2016 fue el cambio presidencial dentro de los EE.UU. como principal aliado económico y político de Colombia. Con la elección del republicano Donald Trump, los enfoques y las narrativas diplomáticas estadounidenses hacia la región de ALC, y en particular hacia Colombia, cambiaron significativamente, lo que llevó a la voluntad de Colombia de “diversificar sus relaciones” (Anon., 2020):

En primer lugar, en el contexto de su campaña de “America First”, Trump anunció una política cada vez más proteccionista hacia los socios comerciales globales de EE. UU. En este contexto, se separó de la región de ALC a través de medidas como la planeada construcción de un muro en la frontera de EE. UU. con México. Simultáneamente, la retórica hacia ALC se volvió cada vez más ofensiva, alcanzando su punto álgido con la retórica antiinmigrante de Trump frente a los países del Sur global.

En 2019, Trump reforzó sus críticas hacia el Estado colombiano, personalizando así su declaración al referirse directamente al presidente Iván Duque: Trump declaró públicamente que “Duque no había hecho nada por los Estados Unidos”, refiriéndose así a un supuesto aumento significativo de las drogas que han llegado desde Colombia, así como a la migración ilegal de otros países latinoamericanos “porque la gente de América Latina piensa que la gente de los Estados Unidos es estúpida”. Estas declaraciones provocaron una fuerte indignación en Colombia tanto a nivel social como político, y las autoridades colombianas defendieron su enfoque de “política exterior digna”. En particular, Duque afirmó que “nadie debe decirle a Colombia lo que tiene que hacer, porque Colombia es un país que sabe cooperar internacionalmente” (Kincaid, 2019).

En segundo lugar, la disminución de la participación de EE. UU. en las políticas regionales de ALC proporcionó un fuerte terreno para que China reclamara su papel de mediador entre ambas regiones: Poco después de las elecciones estadounidenses, se estableció el eslogan de que “EE.UU. construye muros, mientras que China construye puentes” (Anon. 2017). 

Al mismo tiempo, China destacó sus intenciones de aumentar su participación en ALC (Creutzfeldt 2019): Sin embargo, afirmó continuamente que no seguía ningún objetivo geoestratégico para cuestionar la hegemonía mundial de EE.UU., sino que apuntaba exclusivamente al beneficio económico (Anon., 2020). En consecuencia, las EMNs chinas principalmente invirtieron en aquellos países latinoamericanos en los que los EE.UU. habían estado menos presente, así evitando a enfrentarse a cualquier competidor importante (Anon., 2019b). Así, en contraste con EE. UU., la modesta retórica de China redujo su percepción como amenaza política y aumentó su percepción como mediador fiable en la escena global. Sobre esta base, durante su primera visita oficial a China en 2019, Duque declaró que Colombia “tenía que ser el gran aliado de China dentro de América Latina” (Presidencia de la República, 2019). 

FACTORES INTERNOS: LA PAZ EN COLOMBIA

En contraste con los factores externos que aumentaron el interés de Colombia en colaborar con China, un segundo acontecimiento en 2016 hizo que Colombia misma fuera más atractiva para los inversores chinos: La firma de un contrato de paz entre las élites políticas y las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) puso el fin formal a la prolongada guerra civil del país y suscitó la esperanza de que Colombia entrara en una época de mayor estabilidad, así ofreciendo un terreno más seguro y fértil para los inversores extranjeros.

A lo largo de las negociaciones relacionadas, Xi Jinping había apoyado firmemente los esfuerzos del entonces presidente colombiano Juan Manual Santos para poner fin a la guerra civil: Primero, declaró oficialmente su voluntad de proporcionar ayuda al desarrollo. Segundo, sus declaraciones subrayaron las preferencias de China por países políticamente estables y seguros para sus inversores, destacando así cómo “ve y desarrolla sus relaciones con Colombia desde una perspectiva estratégica y de largo plazo” (FMPRC, 2016).

Además, la expresión de Santos de que China era un “gran amigo de Colombia” fue bien recibida por las autoridades chinas: Según fuentes gubernamentales chinas, “Colombia habló muy bien de las relaciones bilaterales y agradeció a China su apoyo en el proceso de paz en Colombia. El país espera profundizar la cooperación en diversas áreas, incluyendo el comercio, la economía y la construcción de infraestructuras con China y avanzar activamente en los proyectos de cooperación pertinentes” (FMPRC, 2016). Estas narrativas siguieron potenciándose a lo largo de la posterior presidencia de Iván Duque: Durante su visita a China en 2019, Xi Jinping prometió que China “seguiría apoyando el proceso de paz y la reconstrucción del posconflicto en Colombia” (Anon., 2019a).

FACTORES BILATERALES: VISITAS Y ACUERDOS

Por último, al ofrecer una versión renovada del anteriormente publicado “Libro Blanco” sobre ALC, China estableció un mayor enfoque en ALC dentro de sus políticas exteriores generales en 2016. Eso representó un paso importante para intensificar la colaboración sino-colombiana como parte del enfoque general de China hacia ALC y sus narrativas de “gana-gana”.

De este modo, las inicialmente escasas visitas diplomáticas bilaterales aumentaron gradualmente: Aunque todavía no se han producido visitas oficiales de un presidente chino a Colombia, se enviaron varias comitivas. Entre ellos, en 2018, el ministro de transporte chino Li Xiaoping visitó Colombia en 2018 para negociar oportunidades para un mayor desarrollo infraestructural (Xinhua, 2018). 

El Presidente de la República Popular China, Xi Jinping, destacó lo logrado por su país y Colombia en cuatro décadas de relaciones diplomáticas, durante su recibimiento al Presidente Iván Duque. (Foto: Presidencia / Nicolás Galeano)

Visita de Duque a China 2019. Foto: Semana.com (citado de Presidencia / Nicolás Galeano) – (https://www.semana.com/inversionistas/articulo/cual-es-el-balance-economico-y-comercial-de-la-visita-de-duque-a-china/274969/)

Finalmente, el presidente Duque visitó China en julio del 2019. En este contexto, tanto Xi Jinping como Duque destacaron los beneficios mutuos de sus países, aspirando a potenciar su colaboración económica (Presidencia de la República, 2019). Sobre esta base, Duque propuso activamente potenciar un acuerdo para profundizar en la colaboración sino-colombiana, ya que Colombia “necesitaba ser el socio de la República Popular China en Sudamérica” (ibid.), y dio la bienvenida a las empresas chinas para que invirtieran en Colombia. La visita de Duque culminó con el acuerdo de la llamada “Iniciativa Colombia-China”, en la que se determinaron varias estrategias económicas concretas para reforzar su colaboración (Cancillería de Colombia, 2019).

PALABRAS FINALES

En resumen, los tres pasos de la reducción del diálogo colombo-estadounidense, el aumento de la estabilidad política dentro de Colombia, y el incremento del intercambio diplomático general entre China y ALC desde 2016 han ido acompañados de narrativas diplomáticas cada vez más visibles: Así, han proporcionado la base para resultados económicos tangibles. De este modo, China se ha convertido en un atractivo socio estratégico adicional a los socios comerciales tradicionales de Colombia. Estas dinámicas potenciaron la entrada exitosa de múltiples empresas estatales chinas en los diversos sectores de la minería, el petróleo y la construcción de Colombia. En particular, en línea con las narrativas gubernamentales chinas, especialmente el Metro Línea 1 de Bogotá promete múltiples beneficios para la población colombiana y altas tasas de empleo para la mano de obra local. Finalmente, lo que queda por evaluar son las consecuencias tangibles de estas dinámicas, y la pregunta si China cumplirá efectivamente sus promesas de proporcionar ciertos grados de bienestar social. 

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