Build Back Better World: la iniciativa de Estados Unidos para contrarrestar a China y recuperar su hegemonía.

Autores:

Andres Paratz
Estudiante avanzado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Siglo 21 (Córdoba, Argentina), y de Ciencia de Datos. Perfil orientado hacia los procesos electorales, la Ciencia Política y la cooperación internacional en materia energética, instituciones financieras y procesos de integración regional. Ha participado en diferentes congresos y seminarios de Relaciones Internacionales. Actualmente, es docente en formación, habiendo realizado varias ayudantías de cátedra en la Universidad Siglo 21.
Camila Victoria Bocco
Licenciada en Relaciones Internacionales y Lic. en Ciencia Política. Es diplomada en Cooperación internacional y desafíos transnacionales, con orientación en formulación y gestión de proyectos y diplomada en Política y Gobierno, con orientación en paradiplomacia y gobernanza multinivel. Actualmente, es la Encargada de Proyectos del Área de Gobernabilidad Global de la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (Fundeps - Argentina) 

ABSTRACT

En un escenario global cada vez más dividido y escéptico del liderazgo norteamericano, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, junto a sus socios del G7 lanzaron una nueva iniciativa de infraestructura global, llamada Build Back Better World (B3W). Se trata de una asociación que busca ayudar a reducir el atraso en infraestructura calculado en más de 40 billones de dólares en los países emergentes, que ha sido exacerbado por la pandemia de COVID-19

Aunque queda clara la intención del G7 de contrarrestar los esfuerzos que China viene realizando desde el lanzamiento en 2013 de la llamada “Iniciativa de la Franja y la Ruta”, las dos iniciativas parecen más complementarias que competitivas y en ambas se vislumbra una motivación geopolítica por detrás de las motivaciones económicas – comerciales.


Los Estados Unidos (EE.UU.) están decididos a impulsar su iniciativa Build Back Better World (B3W) – que se traduce como “Reconstruir un mundo mejor” – para consolidar nuevamente la hegemonía estadounidense y contrarrestar la influencia china en Latinoamérica y el mundo. 

El pasado junio, en la 47.ª Cumbre del G7 en Cornualles, Reino Unido, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, lanzó oficialmente la iniciativa Build Back Better World y sus pares de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón se congregaron para afinar compromisos. El plan impulsado por el Ejecutivo estadounidense aspira a construir nuevas infraestructuras en países en desarrollo para el año 2035 con una inversión de 40 billones de dólares. Con esta iniciativa, EE.UU. y el Grupo de los 7 (G7), financiador de la iniciativa, planean movilizar el capital del sector privado para atender a las necesidades de desarrollo de infraestructura de los países de bajos y medios bajos ingresos, principalmente en las regiones de África, el Indo-Pacífico, Latinoamérica y el Caribe.

Para esto, el presidente Biden planea utilizar principal, aunque no exclusivamente, la Development Finance Corporation (DFC), una institución financiera internacional (IFI) de su cuño propio.También se pretende utilizar otras agencias y bancos privados del país.

Según la declaración oficial de la Casa Blanca,la B3W es “una asociación de infraestructuras impulsada por valores, de alto nivel y transparente” y las infraestructuras en el marco de la iniciativa se desarrollarán de forma sostenible -financiera, ambiental y socialmente. Los principios por los que se guía son: 1) Conducido por valores; 2) Buena gobernanza y estándares fuertes; 3) Amigable con el clima; 4) Asociaciones estratégicas fuertes; 5) Movilizar el capital privado a través de la ayuda financiera al desarrollo; y, finalmente, 6) Mejorar el impacto del financiamiento público multilateral. En adición a esto, la movilización de más de 40 billones de dólares pretende enfocarse en cuatro áreas específicas: ambiente, salud y seguridad sanitaria, tecnología digital y equidad e igualdad de género. En esta misma línea, el Gobierno de EE.UU. destacó el compromiso con los principios del Acuerdo Climático de París de 2015 y los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas que conforman la Agenda 2030. En este sentido, la iniciativa plantea que uno de los requisitos para la inversión en proyectos es que las infraestructuras sean “resilientes climáticamente” y que jueguen un rol importante en el impulso de las economías y la creación de puestos de trabajo.

La Macro Región de ATACALAR aparece como una marco intermedio de oportunidad para h

La BW3 descansa sobre la idea de la administración Biden de volver a impulsar algunos de los pilares que, según él, construyeron los EE.UU. a principios del siglo XX (infraestructura, educación, trabajo cualificado e innovación). Esto, a su vez, se enmarca en la pérdida de competitividad que la primera potencia mundial está presenciando en éstos tiempos y en el conflicto geopolítico y estratégico con Rusia y, principalmente, con China.  

Teniendo esto en cuenta, podemos pensar que la iniciativa B3W, y el nuevo impulso dado a la DFC son un intento del gobierno del país norteamericano, y sus aliados, para contrarrestar la influencia que China está teniendo a nivel global,especialmente, en un contexto signado por la pandemia del Covid 19, que ha sido vastamente aprovechada por el gobierno De Xi Jinping para incrementar su presencia fuera de sus fronteras. El alcance de la iniciativa estrella del presidente chino, la “Nueva Ruta de la Seda”, indudablemente es cada vez mayor y pareciera que la administración Biden no quiere dejar en la irrelevancia estratégica a América Latina. Al contrario de China, que se presenta en solitario, Estados Unidos actúa en nombre del G7.

Un poco de contexto

Desde 1823, con la conocida Doctrina Monroe, los Estados Unidos de América comenzaron a interesarse por establecer su zona de influencia en  el continente americano. Más adelante, en 1904, el llamado Corolario Roosevelt vino a reivindicar la intención de Estados Unidos de reclamar América Latina como su “patio trasero”. En aquellas épocas, estas estrategias fueron utilizadas para confrontar a las potencias europeas en los años del colonialismo.

Pero, aunque las épocas cambian, y los actores varían, hay políticas de Estado que perduran. En estos tiempos modernos, ya no es la injerencia europea contra la que los Estados Unidos tiene que hacer frente, sino la influencia de la República Popular China. También cambian los métodos, y en este paralelismo hay que modificar la injerencia militar por la influencia económica y financiera.Mientras China consolida su presencia en la región a través de diversos mecanismos, entre los que se encuentra principalmente el financiamiento para el desarrollo canalizado a través de sus bancos estatales y la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda (IFR), Estados Unidos, con nueva administración demócrata desde 2021, planea no quedarse atrás y reivindicar su influencia sobre su “patio trasero”.

B3W en América Latina

La región latinoamericana tiene un peso relativo importante (recursos estratégicos, demografía, geografía Norte-Sur, conexión Atlántico-Pacífico), donde las herramientas de poder blando como el comercio, la diplomacia, el financiamiento y la asistencia son cada vez más utilizadas tanto por EE.UU. como por China.

Sabiendo esto, pareciera que Biden, junto con sus socios, buscan contrarrestar la influencia china en nuestra región mediante la implementación de la B3W. En octubre de 2021, una delegación de su administración viajó hacia tierras latinoamericanas para reunirse con representantes de países como Colombia, Ecuador y Panamá, con el objetivo de “trabajar con países que compartan los valores democráticos, para financiar y desarrollar infraestructura de una manera transparente, sostenible para el medio ambiente y respetuosa de la protección laboral”, según declaraciones de Emily Horne, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Biden. Esto, apunta a la deducción de que para los Estados Unidos,no todo se detiene en la gravitación económica y uno de los propósitos esenciales del estrechamiento de vínculos,pareciera, tiene que ver con la restauración de la democracia en la región.

Hay que tener presente, también, que la DFC, principal instrumento de financiación de la BW3, actualmente tiene más de ochocientos proyectos de financiamiento de infraestructura en nuestra región, encontrándose  cinco de ellos  en territorio de la República Argentina.

Resta saber cómo continuará esta iniciativa, que depende en gran medida del consenso que la administración demócrata logre con la oposición republicana, ya que la idea del presidente Biden descansa sobre un acuerdo bipartidista que no está exento de dudas en el seno de su propio partido. 

En cuanto a lo que se espera para nuestra región, a pesar de que todo parece indicar que EE.UU. intentará hacerle frente a China en cuanto a la ayuda al desarrollo se refiere, sólo el tiempo dirá si la potencia occidental podrá lograr su objetivo. Tanto Argentina como sus  vecinos podrían beneficiarse de la ayuda que busca proveer el Estado más poderoso del mundo, aunque aún no hay mayores precisiones de cómo será implementada. De cualquier modo, se debe prestar especial atención a que las condiciones en las cuales se otorgue el financiamiento realmente cumplan con los lineamientos sostenibles, no vulneren derechos humanos y  beneficien a las comunidades receptoras.

Asimismo, si Build Back Better World ha de ser la contrapuesta de la Ruta de la Seda china,es posible que tenga que afrontar algunos retos, por ejemplo:  algunos socios del G7, ya forman parte del proyecto chino, como es el caso de Italia. Además, mientras que el proyecto occidental será impulsado principalmente por capital privado, que buscará sacar rendimiento, el asiático cuenta con todo el pulmón de la economía china. En este aspecto, debe considerarse también que es poco probable que el programa B3W pueda operar con tan pocas restricciones como lo hace Beijing bajo un gobierno de partido único.

B3W versus IFR: ¿competición estratégica?

Desde que el presidente Xi Jinping anunció en 2013 el inicio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, los países del G7 han expresado en distintos foros internacionales su preocupación por la influencia política, económica, tecnológica y militar de China en Occidente, destacando sus deficiencias pero sin presentar una alternativa concreta a la misma, situación que se vio modificada con el lanzamiento de la BW3.

Ahora bien, ¿cuáles son las diferencias entre estos proyectos? Pueden mencionarse dos diferencias principales: por un lado, el alcance y las fuentes de financiamiento: mientras que la Ruta de la Seda está centrada en infraestructuras hard y proyectos  de infraestructura tradicionales (puertos, carreteras, vías, presas, telecomunicaciones) Build Back Better World se centra en infraestructuras más soft y humanas focalizadas en clima, salud y seguridad sanitaria, tecnología digital y equidad de género. Otro aspecto diferenciador lo constituye el financiamiento. La B3W aspira a costear sus inversiones en infraestructuras principalmente con la Corporación Financiera para el Desarrollo (DFC), en cambio, la IFR tiene como principal “motor financiero” al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), el Banco de Desarrollo de China, el Fondo de la Ruta de la Seda y la banca china, entre  otras entidades. 

Lo cierto es que, a priori, ambas iniciativas parecen más complementarias que competitivas. 

Importancia de Centros Logísticos

Build Back Better World, liderada por Estados Unidos y secundada por los países miembros del G7, fue creada en respuesta y como alternativa para los países en desarrollo frente al proyecto chino de la Franja y la Ruta. En la puja que tiene lugar entre Washington y Beijing, ambas potencias no solo compiten por cuestiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas, sino también por aliados. El megaproyecto pretende destinar US$40 billones en infraestructura y recursos para el desarrollo en países de América Latina, el Caribe, África y Asia hasta 2035.

Finalmente, los países del G7 reconocieron la necesidad de actuar, y las repetidas críticas del bloque occidental a las políticas e inversiones chinas en torno a los derechos humanos estuvieron acompañadas por una propuesta concreta y anclada en los valores democráticos occidentales que pretenden volver a posicionar nuevamente a los Estados Unidos en el tablero internacional y devolverle su posición tradicional de liderazgo. Casi 75 años más tarde del Plan Marshall, el Ejecutivo estadounidense intenta repetir la fórmula del éxito.

Sin embargo, como se mencionó, ambas iniciativas parecen más complementarias que competitivas. Mientras que China se focaliza en  grandes proyectos que caen en la categoría de inversiones tradicionales de infraestructura el plan liderado por el G7 abarca áreas soft que no están realmente en competencia directa con mucho de lo que China propone. Aún más, ambos proyectos afirman estar regidos por principios similares como la buena gobernanza, el cuidado del ambiente, la movilización del capital privado y del financiamiento multilateral, lo que podría aumentar, si hubiese intenciones, aún más el grado de complementariedad.

Lo que finalmente suceda con la iniciativa es más difícil de precisar: depende en gran medida del consenso que la administración demócrata logre con la oposición republicana y de cómo resuelva los desafíos que enfrenta. En cuanto a lo que se espera para nuestra región, el escenario ideal sería el del crecimiento, un crecimiento regido por principios como la buena gobernanza y el cuidado del ambiente. Ahora bien, se deberá tener especial cautela a que las condiciones en las cuales se otorga el financiamiento realmente cumplan con estos lineamientos.

De igual forma, y por todo lo dicho hasta aquí,tanto Latinoamérica y el Caribe en general, como Argentina en particular, deberían contar con estrategias (regionales y nacionales) coordinadas y robustas y un claro posicionamiento respecto a qué se pretende obtener de cada una de las iniciativas no sólo para conservar los necesarios márgenes de autonomía sino también para evitar ser simple territorio de disputa entre las dos potencias. Como dice el proverbio africano, cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan.

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